Queridos hermanos y hermanas en Cristo, todos tenemos recuerdos de la Navidad: los regalos que abríamos con ilusión cuando éramos niños, los viajes para ver a parientes que vivían fuera del país, la decoración del árbol de Navidad, las Misas de Navidad a las que íbamos y tal vez servíamos. Pero el recuerdo más importante es, sin duda, el del Niño acostado en el pesebre.

Tanto si lo vemos en un pequeño pesebre en nuestra casa como en uno más grande en la iglesia de nuestra parroquia, el Niño Jesús nos recuerda el verdadero significado de nuestras celebraciones navideñas: el Hijo de Dios fue enviado por el Padre para hacerse hombre, "naciendo de la Virgen María" (Credo de los Apóstoles).

Como cantamos en el villancico "Noche de paz", el nacimiento de Cristo fue "el amanecer de la gracia redentora", pues nos liberaría del pecado con su sacrificio en la cruz. Pero nació para más: como dijo Charles Wesley, que escribió "Hark! The Herald Angels Sing", Cristo "nació para resucitar a los hijos de la tierra, nació para darles un segundo nacimiento". Resucitó de la muerte para permitir a todos los hombres y mujeres heredar la plenitud de la vida eterna mediante su resurrección de entre los muertos.

La Navidad, pues, apunta al Viernes Santo y a la Pascua. Nos alegramos cuando nace un niño, pero este niño era diferente. Vino al mundo para salvarnos de los enemigos que no podemos vencer por nosotros mismos: el pecado y la muerte. No sentimentalicemos la Navidad. El niño cuyos brazos se extendieron para abrazar a María y José y acoger a los pastores se extendería más tarde en la cruz para abrazar al mundo entero. Nació para que muriéramos al pecado; murió para que resucitáramos a una vida nueva; resucitó para devolver a su Padre una creación renovada.

Alégrate no tanto de que Cristo haya nacido, como tú. Alégrate porque nació para hacer lo que tú nunca podrías hacer. Alégrate de que tienes un Salvador que te ama tanto que se humillaría para nacer en la humildad, sufrir por todos nosotros y abrirnos el camino al cielo. Mientras "recorres penosa y lentamente el camino que sube" ("It Came upon a Midnight Clear"), recuerda lo que cantaron los ángeles en su nacimiento: "Paz en la tierra a aquellos sobre quienes descansa su favor". Su favor está contigo.

¡Feliz Navidad!

Sinceramente en Cristo,
+Mark E. Brennan
Obispo de Wheeling-Charleston