Mis hermanos y hermanas en Cristo, que Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, os bendiga, proteja y guíe.
La Pascua es el gran cambio de la historia. Todo se relativiza cuando Jesús rompe los lazos de la muerte y resucita a una vida nueva a la que ya no pueden llegar ni la enfermedad ni el dolor ni la muerte. Todas las heridas de su crucifixión, aunque todavía visibles, están curadas en su cuerpo resucitado. Ha triunfado sobre ellas.
Por el amor que le llevó a soportar la cruz por nosotros, el Señor comparte su victoria con nosotros. Como él, también nosotros tendremos que afrontar problemas y penas, pero, también como él, triunfaremos sobre ellos. La gracia que nos envía a través del Espíritu Santo desde su cuerpo resucitado nos permite soportar el peso de nuestras cruces en esta vida hasta que la muerte nos libere de ellas. Entonces, cuando el Señor vuelva en gloria, como prometió, nos resucitará a esa vida nueva de la que ahora él goza en plenitud.
Nunca debemos desesperar. El Señor está cerca, sobre todo cuando tenemos el corazón roto. Nos edifica entregándose a nosotros en la Eucaristía, que debemos reconocer como su verdadero Cuerpo y Sangre. Nos perdona los pecados, especialmente las faltas graves, en el sacramento de la Penitencia. Nos da compañeros espirituales que nos animan y fortalecen. En caso de necesidad, su ayuda está a sólo una oración de distancia. Venid a mí todos los que estáis agobiados y yo os aliviaré, dijo Jesús. Y San Pedro, que conocía bien la compasión del Señor, nos dice: Echad sobre él todas vuestras preocupaciones, porque él cuida de vosotros.
Alegraos, pues, cristianos y todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Dios ha triunfado sobre el pecado y la muerte mediante la muerte y resurrección de su Hijo. Por nuestro bautismo hemos sido unidos a Cristo victorioso. No debemos tener miedo de lo que la vida nos depare. Con el Señor a nuestro lado, podemos con todo. Disfruta del hermoso tiempo de Pascua y recuerda que el Señor, resucitado en gloria, está siempre contigo, hasta el fin del mundo.
Sinceramente en Cristo,
+Mark E. Brennan
Obispo de Wheeling-Charleston
